Propuestas:

1.Recordar -y actuar en consecuencia- que la tecnología nos divide en dos partes: del codo para abajo y del codo para arriba. Del codo para abajo nos reclama unas destrezas para manejarlas. Pero del codo para arriba exige, ya no destrezas de los dedos para la manipulación, sino reorganización de las neuronas para la comprensión…, para la comprensión del fenómeno de la tecnología digital que ha irrumpido en nuestro mundo. Olvidar o minusvalorar esta segunda exigencia desquicia de arranque cualquier proyecto de formación del profesorado, pues entonces basculará hacia una precipitación por la adquisición de destrezas, sin la comprensión necesaria. Este desnivel se ha acrecentado y cada vez hay una mayor oferta de recetas (cada una de ellas con su etiqueta) y no de conceptos. Es fundamental para levantar un proyecto de formación del profesorado trabajar desde el principio del “codo para arriba”. Permitirá una disposición sin distorsiones, pues frecuentemente éstas se crean por carencias conceptuales.

2.Animar a superar el “complejo generacional”, y que en el profesorado es desalentador, expresado frecuentemente con esa división mal interpretada entre nativos y migrantes.

3.El Espacio Maker es una expresión más de una crisis que ha provocado el mundo digital: el replanteamiento de los lugares (aulas, museos, comercios…). Una característica clave de la Red es la de espacio sin lugares, sin distancias y, por tanto, sin demoras. Esto supone un replanteamiento de la función y uso de los lugares, adonde había que desplazarse para que algo estuviera a nuestro alcance. La Red nos está acostumbrando muy rápidamente a que un mundo hasta entonces alejado por las distancias (en lugares distintos) quede a nuestro alcance. ¿Qué reinterpretación pueden tener hoy los lugares? ¿Cómo mantener sus funciones de aproximación y de comunicación, de organización social? En esta línea están los espacios Maker.

4.En la formación del profesorado hay que resaltar que, por encima de todo, la cultura digital se basa en nuevas formas de comunicación que la tecnología nos proporciona y que, como nos encontramos al principio de una profunda transformación, no estamos más que trasladando nuestras fórmulas ya establecidas. Darse cuenta de lo que van a suponer estos cambios en la comunicación entre las personas, buscar y ensayar nuevas maneras, son parte muy importante del conocimiento y uso de la tecnología.

5.La cultura digital es una cultura hacker. Eso quiere decir que los objetos (incluso los sublimados por la cultura oficial) son despiezables y recombinables. Ésta es una de las bases del Espacio Maker. Y esta visión del entorno como construcción de Lego (desmontar y recombinar; inagotable en sus recombinaciones) sí es un obstáculo generacional, pues venimos de una cultura en la que lo valioso “no se toca” y mucho menos se desmonta. Un proyecto de formación tiene que orientarse a romper estas explicables resistencias en el profesorado y así entender el concepto de “abierto” que es esencia del mundo digital: las cosas ya no se pueden presentar empaquetadas, cerradas, aunque se ofrezcan envueltas en papel satinado y con grandes lazos.

6.El aprendizaje necesita un equilibrado ajuste entre la imitación, la transmisión y la interacción. Y el Espacio Maker tiene que recogerlos equilibradamente. La reunión en un lugar y la proximidad posibilitan los procesos de observación e imitación: ver qué hacen los otros y cómo lo hacen. La transmisión es otra pieza fundamental del aprendizaje: es la capacidad de transmitir una experiencia a otras personas que no la han tenido, pero con una contracción notable de tiempo y esfuerzo, de manera que lo que ha costado conseguirla se traspase a otras personas y se asimile sin la inversión que ha supuesto en origen. “Funes el memorioso” es una buena expresión de lo que sería el aprendizaje sin esta capacidad de contracción: Ireneo recordaba  con toda precisión lo que había hecho un día pasado… pero necesitaba todo otro día para contar a una persona lo que había sucedido. Totalmente ineficaz su enseñanza. Que el EM sea un lugar de transmisión eficaz de experiencias tiene que ser uno de sus objetivos. Y la tercera pieza es la interacción o experimentación. Puede parecer que es la actividad principal, y hasta única, de un EM y para la que tiene que prepararse el profesorado, pero no debe ser así, pues tienen que concurrir las tres actividades señaladas. ¿Y dónde colocarse el docente de acuerdo a estas tres coordenadas que dan sentido al EM? Sería otra cuestión que traducir a un plan de formación del profesorado para su instalación en un EM.