¿Cómo serán los adultos del mañana? ¿Serán esos individuos creativos, capaces de improvisar, tomar decisiones y liderar equipos? ¿Cómo deben formarse los alumnos para adquirir todas esas habilidades? El preparar a los niñ@s para el futuro y, en definitiva, para la vida está generando debate y múltiples opiniones sobre educación.

Las nuevas formas de aprendizaje del siglo XXI en las distintas etapas de la infancia y juventud están obligando a una reflexión sobre “cómo” aprender y cuál es el contexto ideal que favorece la adquisición de conocimiento. El ambiente donde se aprende es fundamental para que los alumnos se conviertan en actores de su propia educación.

Pese a que existen muchas metodologías pedagógicas y algunas de ellas tienen su origen a principios del siglo XX la mayoría de los métodos educativos todavía vigentes se han apoyado en un sistema de transmisión del conocimiento unidireccional (del profesor al alumno) que ha condicionado de forma sustancial la configuración física de los espacios educativos. Sin embargo existen muchos modos de aprender que nos obligan a pensar en cómo se deben transformar los lugares educativos para favorecer una educación integral.

Aula tipo de colegio español.

Las discusiones sobre la coherencia entre los métodos educativos y los espacios docentes han sido cíclicas a lo largo del siglo XX ya que se han producido evoluciones e involuciones en función del mayor o menor compromiso con la educación por parte de instituciones en distintas etapas. La consideración de la educación como un pilar sobre el que se construye la nación como ha sucedido en los Países Nórdicos o en los Países Bajos ha supuesto también la construcción de edificios educativos con una arquitectura de excelencia.

En Italia algunas instituciones han desarrollado teorías sobre los lugares ideales para aprender que han tenido su traducción espacial en escuelas pequeñas con un carácter doméstico y  acogedor. Las escuelas infantiles Reggio Emilia se diseñan siguiendo una serie de parámetros que buscan generar un ambiente atractivo que estimule a los niñ@s  y favorezca la creatividad.

Uno de los principios fundamentales en los que se basa la pedagogía Reggio Emilia, (fundada por Loris Malaguzzi después de la  Segunda Guerra Mundial) es la escucha, interpretada como la habilidad de entender a los niños en sus múltiples formas de expresión.[1]

Atelier de arte de escuela Reggio Emilia.

La asunción de los múltiples lenguajes de la infancia obliga a una reflexión sobre el espacio ideal para no coartar la riqueza de expresión de los niñ@s.

A partir de las teorías de Malaguzzi[2] surgen las escuelas Reggio Emilia, punto de referencia del diseño escolar coherente con un sistema pedagógico sólido y todavía innovador en el siglo XXI.

Algunos de los principios fundamentales en los que se basan las escuelas Reggio Emilia son identidad, horizontalidad, heterogeneidad, convivencia, experiencia o flexibilidad.[3]

La aplicación de estos conceptos en la arquitectura de las escuelas ha sido muy exitosa precisamente porque se apoya en ideas que van más allá de lo puramente estético y que tienen como fin construir un escenario integrador y estimulante.

La renovación pedagógica nos impulsa a reflexionar sobre un ideario que puede reforzarse desde el contexto físico y que se puede reflejar en un proyecto que ayude a cohesionar la comunidad educativa.

Innovación en el siglo XXI es sinónimo de cambio, pero el cambio tiene que estar bien orientado y debe servir para fortalecer un proyecto educativo. Si revisamos algunos de los conceptos que han servido para incorporar una renovación pedagógica integral podemos preguntarnos cómo pueden aplicarse hoy en día y por qué pueden suponer una mejora de los espacios docentes existentes.

Identidad

En los últimos años estamos observando transformaciones en los espacios educativos que tratan de huir de un ambiente escolar tradicional que recuerda casi más a un cuartel o una cárcel que a una escuela.

En esta búsqueda de un nuevo modelo estético se pretende, en la mayoría de los casos, transformar una imagen casi con el único objetivo de que “el colegio no parezca un colegio”, se buscan entonces nuevos referentes en edificios escolares ya transformados, en espacios de co-working o en oficinas innovadoras (las oficinas de google[4] ha sido una de las inspiraciones más comunes)

Oficinas de Google en Dublín.

Es curioso observar que ninguna de estas referencias se fundamenta en herramientas pedagógicas para innovar en los espacios. Los cambios, por lo tanto, son bastante superficiales y, aunque la imagen es novedosa, resulta casi imposible distinguir un colegio de otro debido a la similitud de sus espacios transformados. La falta de una reflexión metodológica que aporte consistencia a los cambios produce una falta de identidad y lugares poco reconocibles.

Sin embargo, bebiendo de las referencias de la Reggio Emilia la identidad es uno de los puntos de apoyo básicos en la construcción del ambiente escolar. La identidad se consigue a través de la incorporación de los alumnos en el espacio, haciendo visible sus trabajos, sus objetos cotidianos, pero también con el empleo de materiales cálidos, de carácter doméstico, que permitan definir un lugar cómodo y agradable que invite a su personalización.

Horizontalidad

Los modelos jerárquicos en la educación tienden hacia su desaparición porque la consideración del papel del alumno como protagonista de su aprendizaje descarta los sistemas verticales en los que los niñ@s son el último eslabón de la cadena.

La idea de horizontalidad tiene una traducción directa en las configuraciones espaciales de los espacios docentes. Los espacios accesibles para todos, la transparencia y permeabilidad de usos facilitan la utilización democrática del espacio.

El despacho del director siempre cerrado y al que los alumnos acuden sólo cuando ha ocurrido algo grave tiene que pasar a la historia. El acceso a los espacios es también acceso a las personas y el visibilizar las tareas de todos también comunica que no hay nada que ocultar. La horizontalidad se consigue cuando tod@s compartimos la misma información. Pero además de poseer toda la información la incorporación de todo un colectivo en un proceso de cambio se hace real cuando participan  todos sus miembros sin importar la edad que tengan. No debemos olvidar que el protagonista de la educación es el niñ@ y debería participar como un actor más en las transformaciones de su escenario educativo.

La participación como herramienta de cambio.

Heterogeneidad

La monofuncionalidad de las aulas, tanto interiores como exteriores es uno de los aspectos más limitantes de los espacios escolares. Las aulas interiores se utilizan generalmente con un esquema unidireccional desde el profesor hacia las filas paralelas de alumnos y las aulas exteriores como campos deportivos. Sin embargo, con estos esquemas tan rígidos las horas de clase se hacen interminables y el espacio no motiva ni estimula a los alumnos.

Como alternativa, plantear aulas interiores y exteriores como lugares heterogéneos, con distintos ambientes o rincones es una estrategia sencilla y muy eficaz para diseñar clases más variadas y creativas.

Convivencia

Los lugares de transición en los equipamientos normalmente se diseñan como lugares de paso con unas dimensiones mínimas, sin embargo son precisamente los espacios donde se cruzan familias, docentes y alumnos y el lugar más natural para que se produzcan diálogos e intercambios. Además todos los usos son susceptibles de convertirse en espacios de experiencia, lugares a los que acudir para aprender, como la cocina o las oficinas de administración.

Los espacios comunes tienen un enorme potencial como espacio de comunicación de la comunidad escolar. En las escuelas Reggio Emilia se habla de un espacio prioritario llamado Piazza alrededor del cual se desarrollan todas las actividades de la escuela. Por ese motivo es un lugar amplio, con luz natural, con mobiliario cómodo, un lugar para estar como las plazas públicas en los pueblos. El cuidado de los espacios comunes y su tratamiento como espacio prioritario en las escuelas contribuye a mejorar el ambiente de aprendizaje y a crear espacios más atractivos.

Espacios comunes como Piazza.

Flexibilidad

La apropiación del espacio es una herramienta fundamental para sentirnos identificados con los lugares que usamos. Una de las formas de apropiarse del espacio es su transformación para adaptarlo a  nuestras necesidades.

Los lugares pueden cambiarse a través de la modificación de sus cerramientos, de la incorporación de elementos móviles, del oscurecimiento de los huecos en fachada o con añadidos o ampliaciones.

Utilización del espacio exterior como prolongación del edificio.

Los espacios cambiantes permiten usos variados y una personalización mayor. Las transformaciones también producen espacios más vitales y dinámicos. En el contexto escolar la flexibilidad es esencial para que los edificios se adapten a los cambios que impone la evolución educativa, un espacio flexible nunca quedará obsoleto.

Todos estos factores ayudan a reflexionar sobre la relación entre la enseñanza y los espacios educativos. La interpretación del espacio como un “tercer profesor”[5] es un reto que incorporan muchas escuelas del siglo XXI.

Es complicado decir hoy en día cuál es el edificio perfecto o el aula ideal para aprender pero es cierto que el incorporar flexibilidad en los espacios, poner en valor las zonas comunes o aportar una mayor heterogeneidad a sus áreas de trabajo ayudan a reforzar el sentimiento de identidad y a democratizar la enseñanza.

Lo que sí podemos afirmar es que el edificio perfecto será aquel que se adapte a su metodología pedagógica y utilice su arquitectura para reforzar su ideario.

La revisión de los conceptos que permiten cambiar el espacio para mejorar la enseñanza puede servir de referencia para dar un primer paso para innovar en educación.

Cualquier transformación en las escuelas aunque sea pequeña puede aportar un valor añadido siempre que estén claros los objetivos que se persiguen. Con la incorporación de valores nuevos se puede cambiar el espacio y cambiando el espacio se puede cambiar la manera de aprender.

[1] MARTINEZ AGUT, M.Pilar. RAMOS HERNANDO, Carmen (2015); Escuelas Reggio Emilia y los 100 lenguajes del niño: experiencia en la formación de educadores infantiles (2015) Actas XVIII Congreso de Educación.[2] Creador de la teoría de “Los cien lenguajes” y fundador de las Escuelas Reggio Emilia.[3] BRANZI, Andrea (2011) Children, spaces, relations. Milan. Ed. Giulio Ceppi y Michele Zini[4] http://www.gq.com.mx/maquinas/gadgets/articulos/la-magia-de-las-oficinas-de-google/1587[5] http://thethirdteacherplus.com/[6] http://ecosistemaurbano.org/tag/reggio-emilia/