En el CEIP Antonio Osuna de Tres Cantos los árboles no tienen frio. Sus troncos no son de color madera. Están forrados de preciosos patrones de ganchillo siguiendo un movimiento globalmente conocido como Urban Knitting o Yarn bombing.

Este movimiento empezó en Houston en 2005 y poco a poco en muchas ciudades del mundo fueron aflorando estas muestras de pacifismo colorista cuyo principal objetivo es dotar de color y vitalidad a las calles. El objetivo del movimiento es llamar la atención sobre lo impersonal del paisaje urbano de nuestras ciudades.

Y ese mismo espíritu es lo que le llamó la atención a Carmen Mesa, profesora de este colegio, en un viaje a Londres; “me llamó poderosamente la atención; estéticamente era maravilloso: un tronco enorme y contrastes de colores. Entonces pensé en que algún día lo haría en el colegio. Y así ha sido”. Si en Londres, Roma, Copenhague o tantas otras ciudades se vestían árboles, farolas o bancos con patrones de ganchillo, ¿por qué no en Tres Cantos?.

El proyecto se tituló “Convivimos entre lanas y ¡decoramos con ganas!”. Desde el principio este proyecto fue algo artístico (con los profesores de Arts and Crafts al pie del cañón) que enseñaba la técnica del punto y ganchillo a los alumnos de 5º y 6º de primaria. Poco después los de 4º también quisieron participar. Es un proyecto muy cooperativo. Contactaron con empresas que colaboraron en la provisión de armamento “lanístico” y Katia y El gato negro fueron las que respondieron.

Los verdaderos protagonistas acabaron siendo los entusiasmados niños del colegio y algunas madres y, sobre todo, abuelas. Quizás lo más bonito de este proyecto es como éstas demuestran su infinita paciencia enseñando ganchillo a sus nietos, amigos, e incluso profesores. Esto sí es verdadera integración intergeneracional. “Lo que diferencia este proyecto artístico de otros, es que está basado en generosidad, paciencia, diversión, enriquecimiento de las relaciones de la comunidad educativa, diversión, en otra forma diferente de hacer arte…“, nos comenta la artífice del proyecto.

Es muy interesante como cada niño participa en esta guerrilla colorista. Lo explica Carmen, “cuando los niños llevan a cabo esta actividad reaccionan de dos formas diferentes: algunos se concentran y durante el tiempo que dura la actividad están centrados, podríamos decir que les sirve de terapia. Otros por el contrario, comentan, charlan y chismorrean sobre cosas que les han sucedido en el cole”.

Actualmente solo están decorados los árboles a la entrada del colegio, pero las perspectivas de futuro son claras, van a seguir adelante porque como nos dicen en el cole “tenemos dos cajas llenas de trabajos realizados y que colocaremos el curso que viene tanto en los árboles como en el mobiliario externo del patio del colegio: farolas, papeleras, canastas… Queremos que el color que tanto caracteriza a nuestro colegio, esté por todos los lugares posibles”.

Este proyecto ha estado lleno de momentos especiales: las caras de algunos niños cuando consiguen hacer ese punto de ganchillo que tanto les costaba, la imagen de las abuelas que con paciencia infinita transmiten su sabiduría, la generosidad de gente que no podía ir físicamente al cole, pero que hacía llegar sus trabajos, la gran aportación artística y colorista al ambiente urbano de la ciudad… Es de esos proyectos que une y que aporta, que utilizando métodos tradicionales, innova.