Nos encontramos en medio de una batalla entre los sistemas educativos tradicionales, que abogan por un aprendizaje pasivo, y que sencillamente han optado por seguir inmutables frente a los embates de cambio, y esos intentos, a veces tímidos, a veces realmente potentes, que quieren traer al sistema educativo un aprendizaje activo y centrado en el alumnado.

Cada vez que me reúno con un grupo de docentes o con personas relacionadas con la educación de una u otra forma, siempre acabamos rondando la misma pregunta: ….pero ¿estamos todos de acuerdo en implantar el aprendizaje basado en proyectos? Y la respuesta, invariablemente es “si”.

Entonces, ¿por qué no está implantado de manera general?.

Hace ya casi un siglo que el aprendizaje basado en proyectos aparece en España: “El método de proyectos” de F. Sainz, publicado en 1934 vino a plantear una novedosa idea educativa, de origen americano: frente al aprendizaje meramente pasivo, la actividad del alumno inmerso en el mundo exterior y no aislado en el aula como fuente de aprendizaje.
Han pasado más de ochenta años y prácticamente hay unanimidad en la necesidad de cambiar la educación e integrar el aprendizaje basado en proyectos como metodología alternativa. Entonces ¿qué ocurre para que no acabe de cuajar?
Si visitamos las aulas de los centros españoles, salvo contadas excepciones, los docentes siguen un sistema tradicional de impartición de contenidos, más o menos actualizado con el uso de TICs.

Panel 1: ¿Qué te inspira el aprendizaje basado en proyectos? #santillanalab 2016

La propuesta de Santillana, de permitirme formar parte del #SantillanaLab de 2016, en el grupo que trabaja aprendizaje basado en proyectos, ha sido una oportunidad enorme para ahondar en lo que está pasando para que el cambio, no sea aún hoy, la regla general. En el Lab, todos estamos de acuerdo en la importancia del aprendizaje basado en proyectos, y, además, los docentes que han participado son pioneros de esta metodología. Pero son conscientes del reto que supone, de su enorme esfuerzo personal, tal y como hoy se plantea el sistema educativo. Veámoslo:

Las bondades del aprendizaje basado en proyectos son evidentes para prácticamente todos los expertos. La dificultad se centra en cómo minimizar sus inconvenientes en cuanto al aprendizaje real y en cómo facilitar la herramienta a los docentes. Es evidente que tal y como se concibe hoy en día la actividad de los centros y el currículo, el encaje del aprendizaje basado en proyectos es una labor ardua y no exenta de riesgos.

Estamos convencidos de que a nuestros hijos tenemos que darles la oportunidad de vivir en sociedad, de aprender a trabajar en equipo, de ser empáticos,  conociendo sus emociones y reconociendo las de los demás, de tener tiempos para ser creativos, de aprender a comunicarse eficazmente; la oportunidad de enamorarse de la lectura porque serán más cultos si han leído un libro de Boris Vian que si recitan de memoria los títulos de las Novelas Ejemplares de Cervantes. Además, no me cabe duda que, cuando vean la diferencia entre leer y memorizar el título querrán leer y no sólo saber el título….  Démosles la oportunidad de manejar un ordenador, como buenos nativos digitales, de acceder a un fablab y de que conozcan el nombre de un río porque se han bañado en el o lo han visto en un documental, no porque han recitado cien veces su nombre con los ojos cerrados. Pongamos a su alcance este mundo global, del que forman parte.

Y démosles la oportunidad de que aprendan de forma cooperativa, entre iguales, aprendiendo a colaborar en vez de a competir.

Panel 2: ¿Qué te inspira el aprendizaje basado en proyectos? #santillanalab 2016

Si decidimos virar hacia este norte, son muchas las cosas que hay que cambiar: la organización de las clases, los compromisos de los centros, la formación del profesorado y de los equipos directivos, el enfoque de la inspección escolar, los libros de texto, el sistema de evaluación, la información a las familias, la concepción del espacio de las aulas,….

No basta con cambiar una de estas variantes si queremos lograr el cambio de enfoque: es necesario cambiarlas todas y semejante movimiento, que afecta a múltiples aspectos de la Educación, tal y como hoy la entendemos, requiere el consenso y el esfuerzo de todas las partes implicadas y un motor en cada centro docente que asegure esa transformación.

Y ahí es donde, personalmente, veo el inconveniente, porque es un enorme acto de generosidad por parte de todos los implicados lo que la implantación del aprendizaje basado en proyectos exige: requiere esfuerzo, compromiso, tenacidad y una gran dosis de motivación de todas los interesados que han de intervenir.

Y sobre todo, exige poner definitivamente al alumno en el centro.

Que un docente decida dar un paso atrás y empezar a facilitar proyectos, se convierta en curador de contenidos, en diseñador de experiencias de aprendizaje, o que un padre entienda que éxito académico no significa felicidad en la vida, no resulta tarea sencilla. Y tampoco lo es que un alumno, acostumbrado al aprendizaje memorístico individual, haga el esfuerzo de trabajar en equipo, en un proyecto de límites difusos. Y una Administración dispuesta a crear las condiciones necesarias para que todo esto deje de ser una lucha aislada de centros o de profesores individuales y se convierta en una realidad generalizada es otro reto.

Lo que anima es que todos reconocemos los resultados de ese acto de generosidad: cambiar radicalmente la formación del alumnado, dotándole de las herramientas necesarias para hacer frente a la incertidumbre de la vida. Casi nada, vamos.

Esa es nuestra tarea: seamos generosos…

Porque, al fin y al cabo ¿no estamos todos de acuerdo en implantar el aprendizaje basado en proyectos?