Los espacios de ocio se han diversificado hasta tal punto que ahora los hay incluso virtuales. Los espacios  de trabajo cambian, no hay más que echar un vistazo a empresas como Google y su sala de reflexión o su tobogán para hacernos una idea de por dónde van los derroteros.

Pensemos detenidamente como transcurre nuestro día desde que el mundo es mundo.  La evolución nos ha ido llevando a civilizarnos y a cambiar nuestros espacios de ocio, de aprendizaje, de trabajo del exterior hacia el interior, la vida rural a la vida urbana, el aprendiz al estudiante… Y así por los siglos de los siglos. De igual modo, cada uno de ellos ha tenido su particular evolución.

Los espacios de ocio se han diversificado hasta tal punto que ahora los hay incluso virtuales. Los espacios  de trabajo cambian, no hay más que echar un vistazo a empresas como Google y su sala de reflexión o su tobogán para hacernos una idea de por dónde van los derroteros.

Los espacios de aprendizaje se convirtieron en fábricas productoras de conocimiento; más que por esto último, por la necesidad de abarcar a tanta multitud. La escuela es el único espacio de aprendizaje que parece haberse estancado. Se ha quedado tal cual, con sus sillas verdes (en honor a María Acaso), su orientación frontal hacia el maestro, sus pizarras (nos da lo mismo negras que blancas que digitales si al final el uso que se le da es prácticamente el mismo), su crecimiento casi hermético, su luz mortecina, sus pasillos inútiles, sus baños con escasez de materiales por no se qué  problemas con el papel,…

En fin, que hace falta volver a nuestro día a día para darnos cuenta de cómo utilizamos los espacios.

Empecemos por hacer una lista de lo que hacemos a lo largo del día y el espacio donde lo realizamos.

Debemos concienciarnos de qué estamos haciendo para saber dónde queremos llegar. Una reflexión previa nos ayudará a delimitar las necesidades que como seres humanos tenemos. Y, por otro lado, hará posible que en una segunda revisión de esa lista prestemos atención a aquellas mejoras que queremos en nuestras vidas y sus consecuentes espacios para lograrlo, de manera que podamos establecer un buena ruta de guía para diseñar espacios aptos para nuestras necesidades. Porque muchas veces son los espacios los que nos crean la necesidad, y sino mirad la evolución tecnológica a dónde nos está llevando. Pero, otras veces, desatendemos esas necesidades más nuestras por motivos puramente prácticos que son in extremis poco amables.

Continuemos con ese proceso de rediseño. Tenemos nuestra lista que inicialmente atiende a lo que Maslow puso en su pirámide que jerarquiza las necesidades humanas y, por tanto, hacia donde estamos motivados a interactuar y desplazarnos.

La necesidad de respirar que equivale a espacios abiertos, libres, donde cada persona tenga su propio espacio vital, sin aglomeraciones ni de personas ni de elementos ni de colores, y aquí la lista, si pensamos en la realidad, puede ser interminable.

La necesidad de cubrir el concepto de alimentación. Un espacio reservado para un momento que en nuestra cultura se convierte en un acto social y comunicativo. Un espacio donde no sólo se convierte en el acto de comer en sí mismo, sino de compartir con otros. Ese factor social y cultural rediseña el espacio al que estamos acostumbrados. No podemos interactuar igual en un espacio frío de mesas y sillas con un orden preestablecido para no compartir. Debemos buscar la comodidad del acto social, permitir un espacio que se deje querer con elementos que favorezcan la alimentación, no sólo por modelado de otros sino porque también influyen, por ejemplo, los colores, aprovechar las franjas cromáticas para inspirar, para hacer desear el alimento.

La necesidad de descanso. Pocas veces vemos este espacio en nuestras escuelas a no ser que vayamos a la etapa de educación infantil para ver las incómodas siestas que allí se desarrollan. El descanso implica muchas cosas y todo ello influido por el espacio. No es lo mismo necesitar una higiene de sueño que se va construyendo como rutina en infantil a la necesidad de descanso por cambio de actividad que sería el equivalente a los recreos, donde, a veces, más que descansos de actividad se generan actividades complementarias que impiden nuevamente el descanso, generando nuevamente estrés. Elementos externos como el mobiliario, las tonalidades, pueden mejorar esa sensación de descanso, que por otro lado, es necesaria para la asimilación de la realidad.

Hasta aquí sólo han sido necesidades fisiológicas. Las más básicas. Repasemos los espacios en los que nos movemos para comprobar si se cumplen inicialmente estas necesidades. Vemos que en muchos casos la escuela no cumple  con ello, porque se quedan ancladas en el elemento práctico y no realmente en el elemento humano que ha de estar presente sin miramientos.

Si continuamos ascendiendo por la pirámide, las necesidades de seguridad y afiliación nos llevan a pensar espacios con nuevas características. En la línea de lo que María Acaso comenta de la pedagogía del placer, buscar un espacio confortable, con aire familiar, con recursos actuales, que inviten a la reflexión, al aprender a pensar, a la búsqueda de valores que nos proporcionen esa integridad física y moral desde el individuo atendiendo a su espacio personal y hacia fuera atendiendo a su magnitud social.

Y, llegamos a la cumbre, el reconocimiento  y la auto-realización que perfectamente se comparan con el proyecto personal de mejora como personas que emprendemos cada día con la clara intención Inicial de  ser felices y abrir nuestro propio camino. Este espacio en concreto debe proveer de una experiencia total personal y libre que permitan la autodeterminación, la expresión del ser, la creatividad como parte de uno mismo.

Ahora ya tenemos una planificación inicial para rediseñar espacios atendiendo a esas necesidades que nos mueven, que nos motivan, que son tan inherentes a la persona, tan emocionalmente humanas que pueden facilitar aprendizajes.

Y, nos centramos en el enfoque de life-long learners, porque aunque  el artículo va orientado al contexto escolar como metáfora del aprendiz, sabemos que ahora se desborda el concepto y lo somos en todo momento y para siempre. Somos un continuo de experiencias de aprendizaje y eso tiene que reflejarse en todos los entornos de los que nos rodeamos, el contexto es el que provoca la inmersión.

El siguiente paso sería idear la solución para que cada uno de esos espacios por donde pasamos sean acordes al objetivo vital de los mismos. En la transformación de ese espacio no sólo hay que tener en mente para qué se va a utilizar sino de qué modo, si satisface todas esas necesidades de las que hemos hablado, si responde a la actividad que se va a realizar en ellos, si permite una libre expresión y movimiento de las personas que se encuentran en él, etc.

Todavía nos queda un trecho para que las experiencias  sean totalmente inmersivas y faciliten y favorezcan el aprendizaje. Pero empecemos desde cero: empatiza con la necesidad de cada momento, idea y planifica a partir de ello y sólo entonces estaremos listos para habilitar esos espacios y  para habitarlos.